AULA TÉCNICA Guías técnicas 6 señales de que tu laboratorio debería dejar atrás la valoración manual

6 señales de que tu laboratorio debería dejar atrás la valoración manual

La valoración es una de las técnicas más habituales en los laboratorios de control de calidad. La determinación de acidez, alcalinidad, cloruros, concentración de determinados compuestos o contenido de agua forma parte de la rutina analítica de numerosos sectores.

La valoración manual puede seguir siendo una opción perfectamente válida para muchas aplicaciones. Sin embargo, cuando aumenta el número de muestras, intervienen diferentes técnicos o crecen las exigencias de precisión y documentación, conviene revisar si el procedimiento actual sigue siendo la forma más eficiente de trabajar.

La pregunta no es únicamente si la valoración manual funciona, sino si responde adecuadamente a las necesidades actuales y futuras del laboratorio.

Estas son seis señales que pueden indicar que ha llegado el momento de estudiar la automatización de las valoraciones.

1. Realizas muchas valoraciones cada día

Realizar ocasionalmente una valoración manual puede ser perfectamente asumible. El problema aparece cuando el mismo procedimiento debe repetirse continuamente.

Preparar la muestra, añadir reactivo, controlar el punto final, realizar cálculos y registrar los resultados requiere tiempo del técnico en cada determinación. Cuando el número de análisis aumenta, estas operaciones pueden convertirse en una parte importante de la carga de trabajo del laboratorio.

La valoración automática permite reducir la intervención del operador y estandarizar determinadas etapas del proceso. En laboratorios con una carga elevada de muestras, también puede ser interesante estudiar sistemas que permitan trabajar con series o lotes mediante cambiadores automáticos de muestras, según la configuración disponible.

Esto no significa que cualquier laboratorio con muchas muestras deba automatizar inmediatamente. La decisión debe tener en cuenta el método, el tiempo de análisis, la preparación de la muestra y el volumen real de trabajo.

La primera pregunta que conviene hacerse es sencilla:

PREGUNTA DE DIAGNÓSTICO
¿Cuántas valoraciones realiza realmente el laboratorio cada día o cada semana?

 

La respuesta permite empezar a valorar si la automatización puede aportar una mejora significativa en productividad.

2. Existen problemas de repetibilidad entre diferentes usuarios

Dos personas pueden seguir el mismo procedimiento y, aun así, no ejecutarlo exactamente de la misma forma.

La velocidad de adición del reactivo, la interpretación de un cambio de color o el criterio utilizado para determinar el punto final pueden introducir diferencias entre operadores.

Cuando varios técnicos realizan rutinariamente una misma valoración, estandarizar el método adquiere especial importancia.

Un valorador automático permite ejecutar determinadas etapas del análisis siguiendo unas condiciones definidas, reduciendo la dependencia de la forma de trabajar de cada usuario. Esto puede contribuir a mejorar la repetibilidad, siempre que el método esté correctamente desarrollado y se mantengan controladas las demás variables del análisis.

Resulta especialmente interesante en laboratorios de control de calidad donde se busca mantener criterios de trabajo consistentes entre turnos, personas o centros.

Automatizar no elimina la importancia del técnico. Su función evoluciona hacia la preparación adecuada de las muestras, la supervisión del método, el mantenimiento del sistema y la revisión de los resultados.

PREGUNTA DE DIAGNÓSTICO
¿Obtienes resultados diferentes según quién realiza la valoración?

 

Si ocurre de forma recurrente, merece la pena estudiar qué etapas del procedimiento están introduciendo esa variabilidad.

3. El consumo de reactivos de valoración es elevado

El coste de una valoración no depende únicamente del tiempo empleado.

En determinados métodos, los reactivos pueden representar una parte importante del coste por análisis. Cuando se realizan muchas determinaciones, pequeñas diferencias en el consumo pueden tener un impacto acumulado.

La dosificación automática permite controlar con precisión la adición del reactivo y adaptar el volumen suministrado a las necesidades del método. Esto puede ayudar a evitar adiciones innecesarias y optimizar el consumo, especialmente cuando el procedimiento manual requiere aproximaciones sucesivas al punto final.

No obstante, automatizar no garantiza por sí solo una reducción del consumo de reactivos. El ahorro dependerá de la muestra, el método, la concentración del reactivo y las condiciones de trabajo.

Por ello, al estudiar una posible automatización conviene analizar el coste completo de la determinación:

COSTE COMPLETO
Reactivos + tiempo del técnico + preparación + análisis + documentación.

 

La pregunta es:

¿Cuánto cuesta realmente cada valoración y qué parte de ese coste podría optimizarse?

4. Tienes dificultades para identificar el punto final

El cambio de color de un indicador sigue siendo válido para numerosas determinaciones. Sin embargo, existen situaciones en las que la identificación visual del punto final puede resultar complicada.

¿Qué ocurre si el cambio de color es poco evidente? ¿Y si la muestra tiene color propio? ¿Todos los técnicos interpretan exactamente igual el punto final?

En determinadas aplicaciones, la valoración potenciométrica permite seguir instrumentalmente la evolución de la muestra mediante un electrodo, en lugar de depender exclusivamente de la apreciación visual del operador.

El proceso puede resumirse de forma sencilla:

FLUJO DE TRABAJO
Muestra → selección del método → dosificación del reactivo → detección del punto final → cálculo → resultado

 

El operador prepara la muestra y selecciona el método. A partir de ahí, el equipo puede controlar la dosificación del reactivo, registrar la respuesta del electrodo, determinar el punto final y calcular el resultado de acuerdo con el método configurado.

Según el sistema y la configuración, también es posible consultar información como la curva de valoración o el volumen de reactivo consumido.

La elección del electrodo y del método es fundamental. No se trata simplemente de sustituir una valoración visual por una automática, sino de seleccionar una técnica de detección adecuada para la muestra y el parámetro que se desea determinar.

5. Los resultados todavía se registran manualmente

Realizar correctamente el análisis es solo una parte del trabajo. Después hay que registrar y documentar el resultado.

Cuando los datos pasan manualmente de una libreta, una pantalla o una hoja de trabajo a otro sistema, aparece otro posible punto de error: la transcripción.

Además, esta tarea consume un tiempo que aumenta con el número de muestras.

La automatización permite avanzar hacia un proceso en el que análisis, cálculo y documentación estén más integrados. Los sistemas de valoración automática KEM pueden incorporar funciones de registro de resultados e información de análisis que facilitan el seguimiento del trabajo realizado.

Según el modelo, la configuración y las necesidades del laboratorio, conviene revisar qué información puede almacenarse, cómo se gestionan los métodos y qué posibilidades existen para consultar o exportar resultados.

Esto resulta especialmente relevante cuando el laboratorio necesita trabajar bajo procedimientos internos de calidad o mantener registros consistentes entre diferentes usuarios.

Por este motivo, al valorar la inversión en un equipo automático no conviene considerar únicamente el tiempo empleado en añadir reactivo. También debe analizarse todo el proceso que existe antes y después de la valoración.

PREGUNTA DE DIAGNÓSTICO
¿Cuánto tiempo dedica tu laboratorio a transcribir, revisar y documentar los resultados de cada análisis?

 

6. Piensas en crecer o medir más parámetros

El último indicador no tiene que ver únicamente con las necesidades actuales del laboratorio, sino con las futuras.

Quizá hoy se realizan pocas muestras, pero ¿qué ocurrirá si aumenta la producción? ¿Si aparece un nuevo método? ¿Si hay que analizar otros parámetros? ¿Si se quiere automatizar una serie completa de muestras?

Por este motivo, es importante diferenciar entre adquirir simplemente un instrumento y seleccionar una plataforma que pueda crecer con las necesidades del laboratorio.

Las soluciones de valoración automática KEM permiten estudiar diferentes configuraciones y posibilidades de ampliación, como buretas, electrodos, nuevos métodos o cambiadores automáticos de muestras, en función del equipo y de la aplicación.

Pensar en esta escalabilidad desde el principio puede ayudar a evitar que el laboratorio tenga que replantear completamente su sistema cuando aumente la carga analítica.

PREGUNTA DE DIAGNÓSTICO
¿Qué necesita analizar tu laboratorio hoy y qué podría necesitar analizar dentro de dos o tres años?

 

¿Valoración potenciométrica o Karl Fischer?

Antes de seleccionar un equipo es necesario responder a una pregunta fundamental:

¿Qué queremos determinar?

Aunque ambas técnicas pertenecen al ámbito de la valoración automática, responden a necesidades analíticas diferentes.

Valoración potenciométrica

Si el objetivo es determinar parámetros como acidez, alcalinidad, cloruros o la concentración de determinados compuestos mediante valoración, puede ser necesario estudiar una solución de valoración potenciométrica.

Esta técnica se utiliza en numerosas aplicaciones de alimentación y bebidas, aguas, química, detergencia, construcción, petroquímica, farmacia, cosmética y otros sectores.

La selección dependerá de la muestra, el parámetro, el método de análisis y los requisitos del laboratorio.

Descubre nuestros valoradores potenciométricos

Valoración Karl Fischer

Si el objetivo es determinar específicamente el contenido de agua de una muestra, la técnica que debe estudiarse es Karl Fischer.

La valoración Karl Fischer está orientada a la determinación de agua y requiere seleccionar la solución adecuada en función de la muestra, el rango de trabajo, el método y las necesidades del laboratorio.

Por tanto, la elección no debería comenzar preguntando “¿qué valorador necesito?”, sino:

CRITERIO DE SELECCIÓN
¿Qué muestra analizo, qué parámetro necesito determinar y cuántos análisis realizo?

 

A partir de estas respuestas es posible definir mucho mejor la técnica y la configuración adecuada.

Descubre cómo funciona nuestro valorador Karl Fischer KEM

Si tu laboratorio necesita determinar contenido de agua y estás estudiando cómo automatizar este análisis, te invitamos a conocer nuestro valorador Karl Fischer KEM.

En este vídeo podrás descubrir el equipo y acercarte a su funcionamiento, así como a las posibilidades que ofrece esta técnica para el análisis de agua en laboratorio.

VER VÍDEO · Valorador Karl Fischer KEM

Automatizar cuando aporta valor

Pasar de una valoración manual a una automática no debería plantearse simplemente como una sustitución de equipos.

El verdadero objetivo es determinar si el laboratorio puede conseguir menos intervención manual, mayor repetibilidad, mejor trazabilidad y más productividad, manteniendo un método adecuado para su aplicación.

Si reconoces una o varias de las seis señales anteriores, probablemente merece la pena estudiar el proceso actual y valorar qué grado de automatización tiene sentido.

No todos los laboratorios necesitan la misma solución. La elección debe partir de la muestra, el parámetro, el número de análisis, los requisitos de documentación y las posibles necesidades futuras.

¿Realizas valoraciones regularmente en tu laboratorio o tienes un cliente que necesita automatizar sus análisis?

Cuéntanos qué muestra se analiza, qué parámetro se necesita determinar y cuántas valoraciones se realizan cada semana. Desde Labprocess te ayudamos a estudiar la técnica y la configuración más adecuada, a través de nuestra red de distribuidores.

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